Notas de trabajo
Publicado el 14 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
Hace dos semanas nos sentamos con un equipo de logística en Rosario para revisar cómo estaban usando su sistema de seguimiento interno. La reunión no era sobre software nuevo: era sobre qué hacían cada mañana antes de abrir la planilla compartida. Ese detalle terminó definiendo todo lo demás.
El punto de partida era simple. Tenían tres personas cargando datos en paralelo, dos planillas distintas y una costumbre de mandarse capturas de pantalla por mensajería cuando algo no cerraba. Nadie lo había decidido así; simplemente se fue armando con el tiempo. Lo que apareció en la sesión fue más útil que cualquier lista de requerimientos: la secuencia real de trabajo, con sus atajos y sus huecos.
Antes de hablar de herramientas, dedicamos cuarenta minutos a reconstruir un día típico. Anotamos en un pizarrón cada paso, incluso los que parecían obvios. Tres cosas quedaron claras:
Es tentador empezar por la función más vistosa. En este caso, lo que destrabó el trabajo fue reordenar la secuencia: primero definir qué dato se carga una sola vez, después quién lo valida, y recién al final cómo se muestra. Cuando el orden cambia, las herramientas que parecían necesarias dejan de serlo, y aparecen otras más chicas que resuelven el mismo problema con menos mantenimiento.
Salimos con tres tareas concretas: limpiar las columnas muertas de la planilla, probar un formulario único de carga durante dos semanas y medir cuánto tiempo se pierde hoy armando el reporte de los viernes. Nada de eso requiere comprar nada. La idea es volver con números reales y no con impresiones.
Si algo dejó esta sesión es que las decisiones de proceso se toman mejor mirando el día real de quien ejecuta, no el diagrama ideal. La próxima nota retoma la prueba de dos semanas y qué pasó con el formulario único.